Más de mil nuevos pacientes luchan contra el dolor en el Clínico

Recorte de prensa, Heraldo Aragon (0000-00-00) < Ir a la fuente >

Más de mil nuevos pacientes luchan contra el dolor en el Clínico cada año Tiene una unidad especializada, donde se practica una operación pionera en Europa y se forma a médicos de otros hospitales. La intervención reduce notablemente el sufrimiento por cefaleas cervicales o intensas migrañas de los pacientes.

Durante años, la neuralgia del trigémino (que causa un insoportable dolor facial) fue conocida como la enfermedad del suicidio, porque muchos preferían quitarse la vida a aguantar un día más. Lo mismo sucede con el sufrimiento que pueden llegar a ocasionar el cáncer, algunas artrosis muy severas o ciertos procesos degenerativos de músculos y articulaciones. Y es que sentir un intenso dolor todos los días y no ver la salida resulta desesperante.

En el Hospital Clínico Universitario, especialistas, enfermeras y auxiliares trabajan desde hace años en la Unidad del Dolor para frenar o, si es posible, acabar para siempre con esta angustia. Cada año, este servicio recibe más de mil primeras consultas. No sólo acuden personas derivadas por centros de salud, sino que estos especialistas atienden y controlan a muchos pacientes ingresados en las plantas del centro sanitario.

"Es gente que tiene un dolor agudo y crónico causado por una enfermedad, una operación o un proceso degenerativo. Su problema es tan severo como difícil de tratar, hasta el punto de que perjudica seriamente su calidad de vida y puede llegar a ser incapacitante", explica la responsable de la Unidad y presidenta de la Sociedad Aragonesa del Dolor, María Dolores Rodrigo.

Estos profesionales, la mayoría de ellos anestesistas, insisten en que el trabajo que desempeñan día a día es sólo otra cara de la enfermedad. "Ver a un paciente con dolor es como cualquier proceso médico. Hay que citarlo, conocer su historia, seguirlo...". Sin embargo, nada es comparable al descanso que experimenta un paciente que lleva más de una década soportando el dolor que un día se instaló en su cuerpo y que ve cómo un día, por fin, desaparece.

"Vienen personas fuertes y luchadoras que están destrozadas de tanto sufrir, y te cuentan que nunca pensaron que tocarían fondo, pero el dolor es capaz de tumbar a cualquiera", explica Pedro Cía, colaborador de la Unidad.

Pioneros en Europa

A veces, se obra el milagro y se logra minimizar notablemente el sufrimiento. Es el caso de algunos pacientes con migrañas muy intensas o cefaleas cervicogénicas que han pasado por el Clínico. Este hospital ha sido pionero, no sólo en España sino en toda Europa, en practicar una delicada operación que está indicada para un número reducido de casos.

La intervención consiste en estimular el nervio occipital de pacientes que tienen intensos dolores producidos por lesiones en las raíces espinales de algunas de sus cervicales. Por medio de una estimulación eléctrica se consigue 'engañar' al cuerpo y distorsionar el dolor. El resultado: se ha logrado erradicar como mínimo, en todos los casos, más del 50 % del sufrimiento que los operados sentían.

En estos años, por las manos de la doctora Rodrigo han pasado casos no sólo aragoneses, sino del resto de España, y actualmente esta médico da cursos de formación a especialistas de otros hospitales, que presencian sus intervenciones y aprenden la técnica. En total, se han llevado a cabo unas 20 intervenciones en la Comunidad aragonesa.

¿Cómo se mide el dolor?

Pero, ¿cómo se mide cuánto dolor siente una persona? ¿Cómo saber cuánta dosis de fármaco aplicarle o en qué nivel de sufrimiento vive el paciente? Calcularlo no es fácil, pero es un trámite inexcusable para el especialista.

"Hay escalas para medir la intensidad del dolor. Los pacientes se someten a cuestionarios sobre su actividad física, las horas que consiguen dormir... Sin embargo, no se puede intentar responder sólo a cuánto le duele. Hay que valorar el conjunto y su impacto en la calidad de vida de esa persona", explica Rodrigo.

Se ha intentado usar, además, baremos más objetivos, como la frecuencia cardiaca o respiratoria. Pero no sirven de nada sin un examen en profundidad. Cía, sobre esto, destaca otro factor: "Es importantísima la experiencia del profesional. Cuando alguien ha visto muchos casos, sabe aproximarse mejor al diagnóstico".

Por otra parte, estos profesionales recuerdan que faltan especialistas dedicados al dolor. Y el tema no es baladí. Una población cada vez más envejecida, y en la que el cáncer se ha convertido en la epidemia del siglo XXI, querrá caer en unas manos que alivien, si llega el caso, su sufrimiento.

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