La mitad de las infecciones hospitalarias podrían evitarse.

Recorte de prensa, heraldo.es (2007-09-27) < Ir a la fuente >

Equivocarse es humano y, a veces, inevitable, pero no puede ser óbice para no minimizar en lo posible los errores y los fallos, máxime cuando se trata del sistema sanitario. En la Comunidad, aproximadamente diez de cada cien pacientes sufren complicaciones cuando están ingresados, pero que no se deben a su enfermedad de base, y que 'cogieron' en el centro sanitario. La cifra es similar a la media española (9,3%).

No siempre hay detrás un error médico. En ocasiones, surge una infección o un fármaco tiene un efecto negativo no previsto en el paciente. Otras veces puede haber fallos de diagnóstico o tratamiento. Lo más paradójico es que más del 40% de estas complicaciones podrían evitarse.

Aragón es la única Comunidad que ha estudiado cuántos efectos adversos de este tipo sufren sus pacientes. La oportunidad surgió cuando un experto en Medicina Preventiva del Hospital Clínico, el doctor Carlos Aibar, se puso al servicio del Sistema Nacional de Salud para hacer un estudio nacional. Se llamó ENEAS (Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización), y en él han participado prestigiosos especialistas del país.

A nivel nacional, se escogió a 5.624 pacientes de 24 hospitales y se analizaron 42.714 estancias. La conclusión fue que un 9,3% de estas personas sufrieron efectos adversos que no tenían relación con su enfermedad, por lo que pasaron ingresados, de media, 6 días más.

¿Las causas? Por este orden, la medicación, las infecciones y los problemas técnicos. En concreto, los fármacos originaron hasta el 37,4% de los problemas (alergias, efectos adversos…), a pesar de que el 34,8% de estos hubieran podido evitarse. Por otra parte, en el 25,3% de los analizados apareció una infección, hubo una hemorragia o hematoma por la intervención, o ésta fue ineficaz o incompleta. Podían haberse impedido el 56,6% de estas situaciones.

Después, el 25% de los efectos adversos se generaron por el procedimiento seguido (hubieran sido evitables en el 37% de los casos). Aquí se valoraron infecciones por heridas quirúrgicas y algunas neumonías. Mucho menor fue el índice de daños por los cuidados (7,6%), como las úlceras por presión (que aparecen cuando el paciente está apoyado largo rato o tumbado). Solo en el 2,7% hubo problemas con el diagnóstico (por retraso o error), si bien se podía haber evitado un 84,2% de ellos.

Toda la red aragonesa

Una de las conclusiones principales es que de las 43 millones de estancias que hay en los hospitales públicos cada año, podrían evitarse 1.156.000, lo que corresponde a 6 hospitales de 500 camas al 100% de ocupación. De media, el 42,6% de los efectos adversos se eliminarían aplicando el conocimiento del que ya se dispone. Así, se evitarían 1.157 estancias semanales.

De manera paralela, Carlos Aibar coordinó el mismo estudio, pero a menor escala, en los diez hospitales aragoneses, con la ayuda del Salud. En total, se analizaron 2.102 pacientes y 18.261 estancias. Los resultados son muy similares a los nacionales, pero posicionaron a la Comunidad como la primera en enfrentarse a un análisis tan maldito como necesario.

Se vio, por ejemplo, que una de cada cinco de estas complicaciones se originan en la prehospitalización y que, de nuevo, y por este orden, los problemas surgen por medicación, infecciones y problemas técnicos. El 47,6% se valoraron como "moderados o graves", un 38,7% incrementaron la estancia y, de nuevo, casi la mitad (46%) podrían haberse evitado.

"Por calidad y honestidad"

Hay que partir de la base de que se estudiaron efectos adversos que produjeron un daño al paciente o podían haberlo hecho en otra situación. Todos figuraban en las historias clínicas de los pacientes y no estaban relacionados con la enfermedad base.

Sacar los datos reales a la luz es el primer paso para solucionar posibles errores. Una apuesta por la mejora, que marca unas cifras que hay que rebajar, porque, además, se ha constatado que es posible.

Carlos Aibar destaca que se han hecho estudios en bastantes países desarrollados(Canadá, EE. UU., Francia, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda o España), pero muchos otros no se han atrevido. "Conocer los datos y tener la honestidad de facilitarlos debe proporcionar confianza a la ciudadanía y a los pacientes de que se presta una asistencia sanitaria de calidad", asegura. Solo reconociendo los fallos se puede avanzar.

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